Los obispos, ante todo, y, a través de ellos, los presbíteros y los diáconos, han recibido encargos (en latín, munera) que los llevan a estar al servicio de «todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios» para que «tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvación».
(...) pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros ardientes en la caridad evangélica, entregados al bien de todos los bautizados y misioneros valientes en todos los lugares del mundo.
Audiencia general, 25 de marzo de 2026
El Concilio Vaticano II: la estrella guía de la Iglesia
Invitación a seguir la Catequesis de León XIV todos los miércoles



















